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lunes 1 de febrero de 2010

Más trámites en la Seguridad Social

Esta mañana fui a hacer el trámite de la Seguridad Social que me pidieron, tal como os contaba en esta entrada. Os decía que para expedirme la tarjeta de la Seguridad Social me llamaron a mi propia casa desde el centro de salud para pedirme por todo el morro que fuera a la Tesorería general a que me expidieran un "P1", que luego se supone que les tenía que llevar a domicilio. Así que hoy mismo, ni corto ni perezoso, animado y dicharachero, raspé la capa de cuatro centímetros de hielo escarchado del parabrisas y me dirigí a la sede de la SS a que me dieran el dichoso documento. Entiendo que el "P1" es el formulario que va antes del "P2", y suerte que no era éste, porque ya me veía preguntado: "¿Oiga, es aquí lo de los P2?".
Crucé la ciudad y empecé la fase de aparcamiento, en una de las zonas de Burgos donde es más difícil, a pesar de las cerca de 500 plazas que hay por la zona (en Grandmontagne). Que digo yo, que podían construir un aparcamientito de esos baratos de cemento que son varios pisos hacia arriba, sin muretes ni excavar ni nada, que sería económico y muy útil, pero nada, que no se dan por aludidos.
Para peor suerte, estaban podando los árboles y habían cortado una de las calles donde alguna vez hasta hay sitio y todo, así que me puse a dar vueltas durante un largo rato sin encontrar hueco ni para estacionar un patinete. Conque tomé la decisión de aparcar junto a un vado que tenía tres sitios amplios, de donde acababa de salir un todoterreno, medio pisando la línea amarilla casi borrada que lo señala. -"Total, para imprimir el papelito no serán más de cinco minutos, y si viene alguna furgoneta, podrá parar" pensaba yo, iluso de mí.
Camino un trecho hasta la Tesorería y me encuentro una cola de gente tal que no quedaban casi sitios libres: ancianos, marroquíes, árabes, poblaban la lujosa oficina esperando pacientemente y con cara de pocos amigos.
A la entrada hay una máquina para pedir tickets con el número de turno y unas escuetas etiquetas que señalan la mesa, sin más información sobre lo que se hace en cada una. Así que, como no es la primera vez que cojo para una ventanilla y me dicen que es en otra, me aseguré bien de leer el letrerito de la mía: "Te-so-re-rí-a". Saco el turno y veo que hay once personas delante de mí. Así que tras un ratito esperando, veo que la cosa no avanza y pienso en salir a por el coche para buscarle un sitio mejor, pero justo entonces llaman al siguiente número y vuelvo a sentarme. Algunos minutos después, uno de los dos funcionarios se va de su mesa, supuestamente a tomar café, con lo que a cinco minutos por persona, en el mejor de los casos, ya veo que voy a tirarme aquí media mañana por lo menos.
Alguno de los ciudadanos no se presenta, así que lenta y tediosamente acaba llegando mi turno. Cuando le pido el formulario "P1" al funcionario, me dice que "eso no es aquí, tiene que ir a la mesa C". -"¡Pero si me han enviado a la Tesorería!" replico. -"Pues se lo habrán dicho mal". Así que le doy las gracias entre dientes, me levanto y saco número para la mesa C. Catorce personas hay delante de mí en esta segunda cola.
Es más, nada más sentarme a esperar de nuevo, veo que una de las dos funcionarias "especialistas en asuntos C" se levanta, se pone el abrigo y sale, presumiblemente a comprar el pan o a tomar el segundo desayuno.
Ahora sí que salgo a por el coche, porque estoy mosca, no vaya a ser que consideren que estoy invadiendo el vado de carga y descarga, asi que salgo de la oficina y echo un trotecillo hasta el coche. Ya cuando me estoy acercando veo un papelito azul pillado en el limpiaparabrisas y un policía que da la vuelta a la esquina del edificio. ¡Ya me han multado!
Echo a correr en pos del policía y me encuentro a dos de azul poniendo papelitos de esos, a diestro y siniestro. Le enseño mi denuncia al primero de ellos y le pregunto si me la ha puesto él. Responde señalando a su compañero, un poco más allá.
Tras otro trotecillo llego al segundo policía, y le empiezo a lloriquear con la cantinela de "han sido solamente unos minutos, ¿hay forma de retirar la denuncia?" y él -"estaba en un vado y eso dificulta a los que cargan y descargan, blablabla..." y yo -"lo entiendo, lo comprendo, señor policía" e insisto y al final creo entender que me dice "rómpala y no ha pasado nada".
Creo que me la retirarán, pero no le he visto romper su copia y ni siquiera ha mirado el número, así que, o tiene muy buena memoria, o aún es posible que me llegue la multa a casa, pero no tengo tiempo para comprobarlo, porque estoy a ocho manzanas de la tesorería y ya debe estar llegando mi turno. Así que echo a correr en pos del coche, lo cojo, doy más vueltas, tengo la suerte de aparcar justo donde sale otro coche, salgo y esprinto hasta la oficina. Es en momentos como este cuando agradezco las horas de gimnasio.
Llego jadeando y miro el turno: se ha movido dos posiciones, con lo que aún quedan una decena delante mío, y la funcionaria desaparecida aún no ha vuelto.
Así que tomo asiento mientras aferro el papelito azul en mi bolsillo derecho, conteniendo las ganas de levantarme y dar unas voces para que se pongan a trabajar o algo. Un niño canta y juega por los pasillos y los que están sentados junto a mí conversan en alguna ininteligible lengua árabe. Muy apropiado, yo también echaría unos juramentos en arameo jordano si supiera hablarlo.
Espero y espero mientras se van desgranando lacónicamente los minutos. Veo que ahora los dos funcionarios de la primera mesa (la de "Tesorería") no están atendiendo a nadie, sino que cotorrean y se ríen de algo que hay en la pantalla de su ordenador, en la que hacen clicks sistemáticamente acompañándolos de lo que me parecen ruidosos movimientos de la ruedecita de su ratón. La única señora funcionaria de la mesa C parece estar departiendo tranquilamente con una madre y su hija, diez turnos por delante del mío, mientras no para de entrar más y más gente en la oficina, algunos con bastones y cachavas. Sesteo un poco, arrullado por el ruido blanco de fondo.
Abro los ojos cada vez que suena el "ding" de un nuevo turno, pero avanzan solamente las mesas A y B. Mientras, los funcionarios de la primera mesa siguen chafardeando, ahora algo sobre una huelga, a la que supongo que irán a quejarse de la barbaridad que trabajan para lo mal que les pagan. Sesteo otro poco y el marcador avanza un turno, ya solo quedan nueve. Llevo ya más de una hora para un trámite que consiste en teclear el número del Documento Nacional de Identidad y pulsar "imprimir". Pero lo tiene que hacer un funcionario, claro, porque de "Administración electrónica" nanaynas de la china.
Sesteo otro poco, y como la cosa no se mueve, me levanto y voy a hablar con los funcionarios de la primera mesa, espetando: "¿De verdad hace falta tantísimo tiempo para que me expidan un formulario P1? ¿Eso no se puede hacer por Internet? ¿Por qué hay aquí dos personas paradas y otra tomando café mientras hay esta cola de gente esperando?" Eso no les gusta, claro, así que se esfuerzan por que no monte bulla. Me dicen que eso lo tienen que hacer en la otra mesa, que no se puede hacer por Internet y que para qué quiero el P1. Así que les cuento que me han llamado de mi centro de salud, para que se lo lleve, pues si no no me expiden la tarjeta, todo esto de pie.
Entonces el primero me dice: "se lo han dicho mal, lo que usted quiere es un A1". -"Pues a mí me han pedido un P1". -"Pues es un A1, eso sí que se lo podemos hacer aquí". - Es decir, que sí que era la mesa correcta pero se hicieron los orejas. Así que me lo expiden finalmente, les doy hipócritamente las gracias y me voy, rumbo al centro de salud.
Salgo, camino un buen trecho a mi coche mirando la hora tan tardía que ya es y tiro para el centro de salud, que está a un par de kilómetros de distancia. Suerte que este trámite no lo tengo que hacer en bicicleta, como los anteriores.
Llego al centro y hay poco sitio, pero encuentro estacionamiento. Entro y hay cinco ventanillas, de las cuales cuatro están desiertas y en la restante hay una señorita cotorreando por teléfono. Espero paciente a que termine. Le doy el formulario y le va a preguntar a otra chica, con una sonrisilla de "otro que ha picado y ha hecho el papeleo por nosotras". Al final me lo admiten, no sin tener que contarles que me habían llamado ellas para pedírmelo y todo el rollo otra vez. Son muy majas, incluso tienen la deferencia de hacerme la fotocopia del original sin enviarme a una remota fotocopistería a que lo haga yo mismo y pierda más el tiempo.
Ahora me toca esperar un tiempo indefinido (pero largo) a ver si me dan la bendita tarjeta, y mientras tanto, rezar por no ponerme enfermo en el ínterin y que tampoco me llamen para pedir algún otro papelorio más.
Lo que es por mí, el recién anunciado "plan de austeridad" del Gobierno ya bien puede echar a casi todos a la calle y sustituirlos por ordenadores. Se lo tendrían merecido.

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